Hacer una obra llamada “de repertorio”, por supuesto conocida, infinitamente tocada, etc. es, en toda instancia, una visión personal de quien la hace. Esa actitud se podrá discutir o no, podrá gustar o no, pero ya tiene una estética, una intención, una descripción conocidas. Al final se podrá decir, “fue un mal Vivaldi”, por ejemplo, pero no por ello dejará de ser Vivaldi. En todo caso, fracasará el ejecutante pero no el autor. Pero estrenar una obra, es otra cosa. Es jugarse, es defender no solo la estética de quien la ejecuta y de quien la compuso, sino también los valores que la obra eventualmente puede contener. Yeny Delgado se la jugó dos veces esta noche. Estrenó en nuestro país dos construcciones sonoras cuando menos atractivas. El danzón cubano es arquetipo de la música popular de ese país. Luego pasó al salón de baile para…
Comentarios