Con la orquesta en el escenario puesta del modo clásico, violines primeros, violines segundos, violas, violonchelos, de izquierda a derecha y detrás los contrabajos, el maestro Calderón, para muchos la mejor batuta de nuestro país, con enorme vitalidad, vino para mostrar cuánto significa su sabiduría asentada en sus dos componentes de siempre, oído absoluto y memoria fenomenal. Primero la épica Obertura Coriolano de Beethoven, a la sazón admirador de héroes de cualquier tiempo, justo homenaje al famoso general romano que solo inclinó su férrea voluntad ante el pedido de su madre y de su esposa. La música, que no es programática pero que tiene reminiscencias al carácter legendario del dramático personaje, fue ofrecida con brillantez en perfectos ataques y finales de frase. Como muchos ya saben, este notable militar del siglo V antes de…
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