Julietta tiene expresivas frases melódicas orquestales que apoyan líneas de canto expansivas y poéticamente cinceladas, pero Martinu no alcanza con esta partitura ni el nervio, ni el contrapunto, ni la abrupta expresividad de su compatriota Janacek. Y en la acción musico-teatral, son muchos los momentos donde la tensión decae en una parsimónica retórica declamatoria, aún cuando el libreto es una genial evocación de las asociaciones capaces de galopar en la psique de hombres y mujeres sin rumbo.
En parte la culpa es del surrealismo del tema central. No es sencillo escenificar los sueños de Michel, un periodista que vuelve a buscar una mujer fugazmente admirada en su ventana en una ciudad de habitantes sin memoria. Todos viven en el presente, hasta el punto de no recordar siquiera lo ocurrido media hora antes, y también Julietta, el ideal…
Comentarios