Me gusta el término “repertorista”. Por analogía, es aquel que solo goza con la música de repertorio, la música conocida, la música sinfónica centroeuropea. El también llamado “purista”, esa legión de oyentes que está muy bien que disfrute con ella, pero que le resulta poco atractiva, hasta indiferente cuando se trata de música escrita en otros lugares del planeta. Así como en el siglo XVIII -por ejemplo- lo que se oía una vez o dos como mucho ya era suficiente y los públicos de aquella época pedían permanentemente la obra nueva, hoy la exigencia auditiva pasa por lo conocido. Luego de este introito, la primera reflexión de la noche: Jorge Lhez, además de sus dotes técnico-musicales, es un osado, un corajudo. Para ir cerrando el año de la orquesta en el teatro, estrenó mundialmente dos de las seis obras ejecutadas y localmente tres. El…
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