Minutos antes de que comenzase el concierto me llegó un malicioso mensaje desde los camerinos del Auditorio Nacional, advirtiéndome de que los músicos de la Filarmónica de Munich estaban dando buena cuenta del vino blanco español (sic) en la cafetería interna. “Se estarán preparando para la Bacanal del Tannhäuser”, pensé. Y así fue, los músicos alemanes se dieron la gran fiesta a las órdenes de ese Dionisos de la dirección orquestal que es Lorin Maazel, de quien conocemos muy bien lo caprichoso y arriesgado de sus versiones. El problema, cuando Maazel se dejaba caer tanto por España hace unos años -cuando las vacas gordas-, es que a menudo lo hizo al mando de orquestas que no respondían nada bien a sus requerimientos. Guardo en mi memoria un concierto concreto, en la Quincena Musical, con una orquesta de cuyo nombre no quiero acordarme,…
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