En una inusual fría mañana de Otoño el Palacio Euskalduna se llenó de calor por el homenaje musical al director, compositor y organista Miguel González Bastida dirigido por su propio hijo, Alfredo González Chirlaque. No sabemos hasta qué punto los sentimientos pueden llegar a aflorar a la hora de hacer un homenaje musical a alguien que nos ha criado y nos ha dado una amor tan grande por algo como la música, pero la emoción de ese honor se palpaba en el ambiente. Se abre y se cierra el concierto con dos obras compuestas por el director invitado; la primera, 1832 compuesta en 1956 y la segunda a modo de propina, Lokatza, Elgeta Bergara, Antzuola eta Elgetako Ziklismo Eskolako Ereserkia (Himno de la Escuela de Ciclismo de Bergara, Antzuola y Elgeta), que González Chirlaque dirigió con una soltura y un buen humor en una persona que por…
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