Entrevistas

Entrevista al compositor Federico Mosquera

Julio Andrade Malde

lunes, 1 de abril de 2013

Federico Mosquera Martínez es un joven compositor coruñés. Maximino Zumalave al frente de la Real Filarmonía de Galicia, le ha estrenado ya Sinfonía de cámara y Concertino. Ahora, la Sinfónica de Galicia, dirigida por Víctor Pablo, ha puesto en atriles con enorme éxito Tres movimientos sinfónicos. Sus creaciones han merecido elogios de los dos directores de orquesta mencionados y también los del compositor Antón García Abril. El estreno de su última obra ha concitado una rara unanimidad entre público, crítica y profesionales de la música. Sus temas de conversación son tan amplios y diversos como sus centros de interés: el piano, la composición; pero también la Ingeniería de Caminos, a la que finalmente hubo de renunciar, la literatura y una afición de los años juveniles, hoy también un poco relegada por falta de tiempo, que muestra su sensibilidad hacia la naturaleza y su alto sentido estético: la colección de conchas.

Las primeras armas de un joven compositor

Pregunta. La OSG acaba de estrenar, hace algunas semanas, una obra suya: Tres movimientos sinfónicos. ¿Está satisfecho?

Respuesta. Estoy increíblemente satisfecho. Que la OSG estrenase una obra mía ha sido siempre mi sueño, desde que tenía unos 12 o 13 años. Hace no tanto tiempo todavía parecía algo muy lejano, y ahora me encuentro con que se ha hecho realidad.

P. Haga un ejercicio de autocrítica.

R. Es una obra abstracta, pero con una fuerte coherencia basada en un material temático que recorre los tres movimientos. El primer movimiento introduce las ideas principales de la obra y luego presenta otras nuevas en una sección muy colorista. El segundo desarrolla el carácter lírico de los temas ya aparecidos y añade otros en que dicho carácter es aún más evidente. El tercero, el más largo y con el mayor peso sinfónico, es un collage de diversos elementos, algunos ya aparecidos en los otros movimientos y otros nuevos relacionados con ritmos de marcha y temas pujantes e incisivos, que contrastan con momentos de gran lirismo.

P. ¿Qué le ha parecido la reacción del público?

R. Me ha parecido sorprendente. Me hacía la idea de que la obra podría gustar, pero no imaginaba una reacción tan entusiasta.

P. La crítica, los profesionales y el público han coincidido en el aprecio, ¿cómo ha conseguido tan difícil unanimidad?

R. La verdad es que yo cuando compongo sólo pienso en dos cuestiones: hacer la música que a mí me gustaría oír, y escribir, técnicamente hablando, a favor de los intérpretes que vayan a tocar mi música. Por tanto, de acuerdo a la primera cuestión, el éxito se debe a que tengo buen gusto (risas). Bromas aparte, creo que el buen gusto a la hora de crear es un elemento muy importante, y no hablo del gusto entendido desde su vertiente más simple (hacer música más o menos agradable o biensonante). Hablo de que hay que tener muy buen gusto para encontrar combinaciones de sonidos que resulten interesantes al oído; incluso para hacer música grotesca.

P. ¿Hay influencia en ella de sus compositores favoritos?

R. Desde luego. Creo que cada vez soy más yo mismo, pero en esta obra en concreto se advierten pinceladas de Ravel, Bartok y algo de Stravinsky.

P. Víctor Pablo pronunció unas palabras muy elogiosas sobre la partitura.

R. Me sorprendieron mucho, porque no tenía ni idea de que tenía pensado decir algo así. Le estoy increíblemente agradecido, no sólo por sus palabras, sino por haberme brindado esta oportunidad.

P. Ya ha estrenado otras obras; algunas le han valido también el aprecio de músicos importantes como Maximino Zumalave o Antón García Abril…

R. Zumalave fue el primero que confió en mí para poder dar el salto desde los ciclos de jóvenes compositores, en los que yo estrenaba obras de cámara, hasta los conciertos de temporada de la Real Filharmonía de Galicia, otra orquesta fantástica que tenemos los gallegos y que tocó mi Concertino para orquesta de cuerda. Fue también Maximino Zumalave quien dirigió mis dos estrenos (la Sinfonía de Cámara y el Concertino) dentro de los cursos de composición de Antón García Abril en la Escuela de Altos Estudios Musicales, de Santiago de Compostela.

P. ¿Qué está preparando ahora?

R. Ahora mismo estoy trabajando en un concierto para clarinete bajo y orquesta de cuerda con percusión, para un amigo que estudia clarinete bajo en Rotterdam. También tengo entre manos la composición de un sexteto de vientos.

Un tesoro con forma de orquesta

P. ¿Qué opina de la Sinfónica de Galicia?

R. Es una orquesta excelente, un motivo de orgullo para la ciudad y para Galicia. Por si fuera poco, a través de ella tenemos la suerte de escuchar a algunos de los mejores solistas del mundo.

P. De acuerdo con su experiencia, la orquesta ¿es conocida y apreciada en Europa? ¿En Polonia, en Holanda?

R. No sabría qué responder a esta pregunta; pero, hasta donde yo sé, todavía no es tan conocida como merecería. Esto se debe desde luego a su relativa juventud y al hecho de que las orquestas, para promocionarse, necesitan años de giras y numerosas grabaciones. Sé muy bien que en parte esto ya se ha hecho, y por ello es muy apreciada en ciertos países y festivales; y también por los excelentes comentarios que ha recibido de algunos directores y solistas muy importantes. Puede estar seguro de que yo hago propaganda de la orquesta siempre que puedo.

P. ¿Cómo ve el futuro de la OSG? El problema económico, en primer lugar…

R. La Sinfónica se enfrentará a los mismos problemas que la gran mayoría de las orquestas del mundo, ya que casi todas dependen de las subvenciones públicas. La OSG cuenta con un prestigio muy bien labrado durante los últimos veinte años, así que sólo espero que por ello y por el prestigio que da a la ciudad, a la comunidad autónoma gallega y a España, la orquesta sea una prioridad a la hora de destinar fondos para continuar con este proyecto que ha sido tan decisivo para la vida cultural de Galicia.

P. Y, en cuanto a la sustitución de su director titular, Víctor Pablo Pérez…

R. Víctor Pablo ha sido indudablemente uno de los artífices más destacados de este proyecto, que no sólo se queda en la OSG, sino que también incluye a los tres coros, las orquestas jóvenes, los estrenos, etc.; y sólo espero que, tras el relevo del director titular, este proyecto sea llevado a cotas todavía más altas en el futuro.

P. ¿Cree que la fidelidad del público y la identificación con la ciudad aseguran su futuro?

R. Está claro que en la ciudad hay un público de base muy afín a la música y a la cultura en general, y que por ello respalda todo tipo de eventos. Esto se nota por el lleno casi absoluto que hay en la mayoría de los conciertos, y por supuesto en las grandes ocasiones (solistas o directores muy destacados, óperas). Por ello estoy convencido de que el público no toleraría una vuelta atrás, o lo que es lo mismo la pérdida de un tesoro como es esta orquesta.

Elegir es renunciar

P. ¿Cómo y cuándo surgió su interés por la música?

R. Surgió cuando tenía unos 5 o 6 años, debido en parte a la afición musical que mis padres siempre tuvieron y que, como otras tantas cosas, nos inculcaron a sus hijos. De hecho, fue mi madre quien me enseñó los primeros rudimentos de lenguaje musical.

P. ¿Qué recuerdos guarda de sus primeras experiencias musicales?

R. En primer lugar los cedés y discos que se oían en mi casa, a través de los cuales me familiaricé con los clásicos más populares; y también el recuerdo de mi madre aprendiendo a tocar el piano.

P. ¿Y después?

R. Después, sin duda, los primeros conciertos en directo, a los que mis padres siempre insistían en llevarnos, a mí y a mis hermanos; gracias a esto, se forjó en todos nosotros un profundo amor por la música. Estoy hablando sobre todo de los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Galicia.

P. Qué le atrae más, ¿el piano o la composición?

R. Depende del momento del año, porque hay ocasiones en que dedico más tiempo al piano y otros a la composición. Para mí, ambas actividades son indispensables y no concibo la una sin la otra. Necesito actuar en público y seguir conociendo repertorio, ya sea solo o en compañía de otros colegas haciendo música de cámara. Y no puedo hacerlo más que a través del piano. Pero con esto sólo no bastaría, pues desde siempre tuve el deseo y la necesidad de crear música.

P. Y también realizó estudios de ingeniería, simultaneándolos con la música. Tiene usted una asombrosa capacidad de aprendizaje; pero, ¿no es una enorme dispersión de esfuerzos? ¿Nos dispersamos mucho los gallegos?

R. En cierto sentido sí que lo es. De hecho, he renunciado a continuar con la ingeniería; pero, en cambio, me resultaría imposible prescindir de una de las dos actividades musicales. Sería algo así como amputarme un miembro: me sentiría incompleto, y seguramente este sentimiento repercutiría en el trabajo diario. No tengo ni idea de si esto tiene que ver algo con ser gallego. Acaso sea porque elegir es renunciar y a nosotros nos cuesta mucho renunciar…

P. ¿Cuáles son sus preferencias sobre compositores, períodos de la historia de la música?..

R. Supongo que esto es algo que va cambiando con el tiempo, o al menos uno va añadiendo elementos nuevos a la bolsa de viaje. Cuando era pequeño mis preferencias se movían a lo largo y ancho de todo el siglo XIX: desde Beethoven hasta Chaicovsqui y Rajmaninov. Pero actualmente esto me queda más lejos, y sin duda alguna mi época preferida es el crisol de tendencias que tuvo lugar durante la primera mitad del siglo XX: sobre todo admiro a Igor Stravinsky, Maurice Ravel y Bela Bartok. Y después de estos autores tengo mis preferencias entre la obra de compositores tan dispares como Claude Debussy, Manuel de Falla, Alban Berg, Francis Poulenc, Benjamin Britten, Dmtri Shostakovitch… Del resto del siglo XX me quedo con Lutoslawski, Takemitsu, George Crumb, Oliver Knussen … Por supuesto, no quiero olvidar a los grandes maestros del pasado, entre los cuales me inclino por Bach, Beethoven y Brahms. También me resulta muy atractivo el Barroco temprano y algunos polifonistas del Renacimiento.

P. Y, ¿a quiénes admira más como intérpretes del piano? En el pasado, en el presente…

R. … De los intérpretes más antiguos admiro a muchos, pero por citar a algunos: Artur Rubinstein, Vladimir Horowitz, Claudio Arrau, Arturo Benedetti Michelangeli,… Del presente a los clásicos como Maurizio Pollini, Martha Argerich, Radu Lupu, y actualmente a Sokolov, Volodos, Paul Lewis,…

Pretérito perfecto, presente continuo y futuro de un pesimista mal informado

P. ¿Qué recuerdos guarda del Conservatorio de La Coruña?

R. Guardo excelentes recuerdos, sobre todo debidos a los compañeros que tuve, muchos de ellos muy talentosos y que actualmente se perfeccionan en conservatorios de toda Europa. Con algunos disfruté (y todavía disfruto) muchísimo tocando y dando mis primeros conciertos. También guardo excelentes recuerdos de algunos profesores con los que ahora mantengo una buena amistad.

P. ¿Y de sus estudios posteriores? El piano con Mercedes Goicoa, la composición con García Abril…

R. Con Mercedes Goicoa mis estudios fueron siempre paralelos desde el año 2000 en que empecé a recibir clases suyas. Para mí es como una segunda madre, y desde luego una madre musical que fue decisiva para formar mi criterio y mis gustos en todo lo relacionado con la música y por supuesto a la hora de tocar el piano. Me transmitió sobre todo su obsesión por la calidad del sonido. Todavía acudo a recibir su consejo siempre que vuelvo a Coruña.

P. ¿Cómo conoció a García Abril?

R. Fue precisamente Mercedes Goicoa la que me presentó a Antón García Abril, el único profesor de composición más o menos continuado que he tenido. Su método flexible me permitió siempre escribir lo que he querido, sin sentir nunca ningún tipo de obligación formal o de estilo. En sus clases aprendí sobre todo orquestación y la forma de tratar el material para que evolucione. Con respecto a esto último siempre fue muy insistente.

P. En Polonia perfeccionó el piano. ¿Cómo fue esa experiencia polaca?

R. Mi experiencia en Polonia fue un hito desde el punto de vista vital: imagínese que hasta ese momento yo nunca había salido de casa (todos mis estudios los había hecho en Coruña), así que puede suponer lo que significó para un chico de veintidós años empezar una nueva vida en un país tan lejano, aunque fuera por tan sólo cinco meses. Al maestro con quien trabajé alli, Andrzej Pikul, lo conocí gracias a una masterclass que tuvo lugar en el Conservatorio Superior de Coruña. Me gustó tanto que hice lo posible por seguir estudiando con él, y entones surgió la oportunidad del Erasmus en la Academia de Música de Cracovia, en donde él enseña. Sus clases me ayudaron a evolucionar en muchos aspectos de la técnica pianística y el sonido, y me abrieron a un mundo que entonces parecía muy lejano. En Polonia también conocí la música de muchos compositores actuales que son desconocidos fuera de ese país; también me familiaricé más con la de Szymanowski y Lutoslawski. En un concierto en Cracovia tuve la oportunidad de saludar a Penderecki.

P. Y ahora en Holanda, donde aún continúa. ¿Qué puede comentarnos de esta etapa?

R. Esta etapa está sobre todo centrada en el perfeccionamiento de mi faceta como pianista, por ello realizo el Máster de piano en Codarts University for the Arts, bajo la dirección del pianista, también gallego, José Núñez Ares y con el maestro Jean-Bernard Pommier, que es un gran pianista y director de orquesta, una auténtica eminencia que ha trabajado con algunos de los más grandes músicos del siglo pasado. Además en Rotterdam tengo la oportunidad de componer y trabajar con compañeros míos para estrenar mis obras. De hecho, en Rótterdam compuse los Tres Movimientos Sinfónicos recientemente estrenados en Coruña, y mi primera obra vocal para mezzosoprano, viola y piano, estrenada en Holanda. Actualmente, trabajo en otros proyectos.

P. Tras esta experiencia holandesa, ¿finaliza su etapa de estudio? No digo de formación; porque suele afirmarse que el hombre se halla en formación perpetua. ¿Lo cree usted así?

R. La formación, por descontado, nunca termina, y en la vida de un músico esto es incluso más cierto: algo parecido a recorrer un camino, a través del cual nos vamos equipando cada vez más y recogiendo todo tipo de experiencias. En cuanto a mi futuro inmediato de estudio, creo que seguiré trabajando, aunque sea esporádicamente, con maestros con el fin de recibir su consejo siempre que esté preparando repertorio nuevo o para pedir opinión sobre la nueva música que estoy escribiendo.

P. Visión optimista. ¿Es usted "un pesimista mal informado"?

R. Por lo general soy una persona optimista, entre otras razones porque mi vida y mis experiencias me han forzado a pensar así. Todos somos conscientes del momento de crisis extremadamente difícil que estamos viviendo, y que a nosotros los músicos nos toca muy de cerca. Pero, por otra parte, yo siempre pienso que cuando la crisis termine, que lo hará, se abrirá ante nosotros un mundo de nuevas oportunidades para el que tenemos que estar lo mejor formados que nos resulte posible.

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