He resuelto de ahora en adelante empezar por lo que considero lo más importante en una ópera: su aspecto musical. Reconozco que se trata de teatro, pero es cantado, y muchos libretos -la mayoría- no resistirían sin la música (ni siquiera en el momento de su creación, probablemente). Como cada vez más la moda de las ‘nuevas producciones’ (si absurdas, mejor) lo que suele hacer es conseguir eco por algún escandalete y sobre todo soslayar las debilidades de la ejecución musical, trataré de invertir los términos aunque reconozco que es tarea difícil (y casi seguramente inútil). Sobre todo cuando, como esta vez, la ejecución ha sido buena y seguramente, sin esta ‘versión’ y ‘producción’, en forma de concierto habría brillado más. Por empezar estuvo la excelente dirección de Davis que consiguió milagros (aunque no, precisamente en esta obra,…
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