En esta oportunidad no podré asistir al concierto de los vencedores con orquesta, también en el Liceu, del próximo día 20, pero sí he podido estar en la prueba final. Escribo, como suelo, antes de conocer el veredicto del jurado.
Si bien este año los premios son menos y hemos tenido la suerte de que sólo se repitiera un aria (la de Alvise de La Gioconda de Ponchielli), al no haber ningún finalista de lied u oratorio, el jurado lo tendrá difícil ya que no hubo nadie verdaderamente descollante y pueden premiarse virtudes ‘antagónicas’. Si pensamos en la generosidad de medios, una buena técnica y una expresividad limitada, podría ser primero el barítono mongol Amartuvshin (que convenció, pese a todo, más como Rigoletto que como Eletski ya que le faltó nobleza y nostalgia en la famosa aria). Si en cambio se va a uno de los pocos que exhibió…
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