“Que no daría por volver a dirigir mi orquesta” escribió desde el exilio Wagner a Tichatschek, el protagonista del estreno de Lohengrin en Dresde (1859). Con la misma obra, la Staatskepelle volvió a acreditarse como merecedora de los elogios del compositor este enero, con Christian Thielemann en su primer cometido wagneriano como director artístico de la Semperoper, la legendaria sala a orillas del Elba asociada para siempre al nombre de su arquitecto, Gottfried Semper. Mientras el gobierno comunista terminaba la reconstrucción de la bombardeada Semperoper a mediados de los 1980, un estudiante lograba asombrar a Daniel Barenboim en Berlin Oeste tocando de memoria al piano la partitura completa de Tristán e Isolda. Comentando en una reciente entrevista sobre sus habilidades pianísticas de entonces, Thielemann confesó que en algún momento…
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