La Grosse Fuge op.133 es, probablemente, la obra más difícil de interpretar de Beethoven. Para tratarse de una fuga es totalmente excesiva, en duración, en intensidad y en el nivel de concentración que exige del público. El propio Beethoven parecía consciente de ello y, tras extraerla de su cometido inicial como último movimiento del Cuarteto nº13, el destino de la pieza quedó un tanto en el aire, pasando tras su muerte al repertorio como pieza autónoma, llamada a veces su Cuarteto nº17. Aunque la he escuchado media docena de veces en directo y muchas más en grabaciones, nunca he conseguido disfrutar del todo con ninguna versión de esta pieza. Las que se decantan por clarificar la estructura de la fuga terminan resultando monótonas, pues no llegan a los niveles de expresividad que exige Beethoven, y las que se lanzan al explosivo…
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