El telón se levanta para mostrarnos dos plantas, con habitaciones separadas en cada una de ellas y una escalera que las une a la izquierda de la escena. Salvo el gran espacio inferior izquierdo que muestra una escuálida vivienda iluminada con calidez ocre claro, el resto es un laboratorio similar a una sastrería teatral, donde ángeles contemporáneos vestidos de negro y dedicados a exorcizar una historia juglar del siglo XIII se mueven como asistentes de producción en el marco de paneles de color tiza y entre una mínima colección mobiliaria: un escritorio de metal, una lámpara algunos estantes y las perchas con el vestuario que deberán usar cuando se conviertan ellos mismos en los personajes de la trama que nos van a presentar.
Como en los manuscritos iluminados del medioevo, los ángeles observan desde los márgenes la vivienda que…
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