La visita a las Islas Canarias supuso un reencuentro personal con la Orquesta Sinfónica de Tenerife, a la que había perdido la pista desde que recortó sus actuaciones en la península, frecuentes hasta hace unos años. Siempre me gustó la orquesta y me alegró mucho comprobar que, años más tarde, sigue conservando su calidad y personalidad propia, que la tenía. Las cuerdas aún atesoran esa calidez que no es habitual en las orquestas españolas y sus vientos, especialmente las maderas, siguen siendo sobresalientes, con maestros capaces de extraer un bello color de su instrumento pero de equilibrarse perfectamente en los conjuntos -otro aspecto que no siempre se da en las orquestas españolas, a menudo demasiado coloreadas hacia uno u otro instrumento de las maderas-.
Todo esto se pudo comprobar especialmente en la Sinfonía nº1 de Sibelius, una…
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