Un disco es como una estrella en el cielo: una imagen del pasado que brilla en la oscuridad interior de la cadena de alta fidelidad. Hace unos días, estaba escuchando lo último que grabamos los sinfónicos del Vallés -un asteroide minúsculo en el universo discográfico actual- cuando una cucaracha surgió de uno de los altavoces, descendió hasta el suelo y se paró ante mis pies. Lo curioso es que al instante de aplastarla con el zapato, la música empezó a sonar interrumpida por espacios vacíos que no coincidían con los silencios escritos en la partitura. De hecho, no fue hasta que reconocí unos compases de corcheas que tocamos las violas, y que ahora sonaban como un mensaje de socorro en morse enviado desde un lugar remoto en el tiempo, que me di cuenta de que había desaparecido la nota re del disco. Ante lo extraño del suceso,…
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