“Bach es la la Palabra de Dios en música”. Me parece una de las frases más felices que escuché en los últimos tiempos. Pertenece al conductor titular de la sinfónica local, Jorge Lhez, y la dijo para referirse brevemente al Concierto para violín, oboe y continuo aludido en el epígrafe. El mismo contó al violín con el asistente de concertino de la orquesta, Víctor Muradov, de muy buen desempeño y al estupendo oboísta chileno Christian Baeza. Este Concierto reconoce cierto parentesco con el famoso BWV 1043 para dos violines no solo en su tonalidad sino también en su estructura y su atractivo armado melódico y armónico. Sigue la línea que para este tipo de composición del barroco tiene la escuela veneciana. De hecho trae además recuerdos al adornado barroco vivaldiano. No es fácil el martellato del compositor, pero este maravilloso estilo…
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