Hacen tres años escuché como solista y junto a la sinfónica local, al joven Stepan Grytsay (Kiev, 1996) en una página de Pablo Sarasate. La idea que me quedó es que este casi niño, a la sazón tenía catorce años, tenía un futuro brillante. Hoy su virtuosismo es formidable y su desenfado hace que su actitud global aparezca con una llamativa naturalidad. Tocó de memoria una obra ciertamente complicada, con seguridad, temperamento y dominio total de lo que estaba haciendo. Katchaturian escribió este Concierto dedicándolo nada menos que al descomunal violinista ruso David Oistrakh quien compuso una bellísima cadenza para el primer movimiento. Tal vez en ese primer movimiento se podría señalar que el volumen sonoro de la orquesta podría haber sido algo menor, pero el maestro Lhez debe haber advertido la circunstancia porque los aires populares…
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