Esta vez Anja Harteros canceló por amigdalitis. En su lugar, la jovencísima Lianna Haroutounian interpretó una Elisabetta de voz seguramente impostada, cálida y radiante en el registro agudo. Sólo le falta mejorar un poco el fraseo para convertirse en una gran cantante. Y también hubiera necesitado un mejor regisseur que le permita explorar el rol como merece una artista de su talento.
Porque poca justicia hace a su fama de director teatral Nicholas Hythner con esta puesta de aspaventosa gesticulación y momentos rayanos con el ridículo. Por ejemplo el bellísimo andante que acompaña la entrada de los herejes es perturbado por monjes gritándoles empecinadamente que se arrepientan en una risueña mezcla de italiano y latín espetada con acento inglés. Rodrigo no puede referirse a la amistad y el afecto que siente por Don Carlo sin llevarse la…
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