Una obra como la Consagración de la primavera es un reto técnico imponente para un director. ¿Cuál es la manera más eficaz de encarar, por ejemplo, el Cortejo del sabio, con sus múltiples planos de polirritmia? ¿O cómo señalar con precisión exacta las células rítmicas, siempre irregulares y cambiantes, de la Danza de la tierra sin que un gesto demasiado controlador contraríe el salvajismo de la música? Cito estos dos pasajes porque fueron, justamente, en los que Esa-Pekka Salonen perdió el control de la Philharmonia Orchestra. En el Cortejo del sabio un error del percusionista a cargo del bombo -el instrumento que ejerce aquí de claqueta- degeneró en un auténtico caos orquestal que no llegó a más gracias a la brevedad del pasaje, pero el corte súbito con el que termina el sobrecogedor tutti dejó en evidencia a varios instrumentistas que…
Comentarios