La primera parte del recital de la London Symphony Orchestra facilitó el lucimiento de los solistas. Con Quiet City descubrimos a un trompetista magnífico, Philip Cobb, de un timbre y volumen esplondorosos y un vibrato elegantemente comedido pero muy expresivo. Su partenaire con el corno inglés fue una Christine Pendrill que contrarrestó con calidez y dulzura la conciencia atormentada que la trompeta simboliza en este breve poema sinfónico de Copland, adaptado de la música incidental para una obra dramática de Irwin Shaw. Tilson Thomas decidió que la sección de cuerdas tocara con una extrema delicadeza, creando un espacio etéreo que funcionara como un fondo casi independiente de los solistas, logrando con ello una espiritualidad al estilo de La pregunta sin respuesta de Ives. No es lo que Copland tenía en mente cuando compuso esta obra,…
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