Largamente vinculada con nuestro medio artístico, al que ya visitó en varias ocasiones, la London Festival Orchestra regresó en esta ocasión con la ausencia, por enfermedad, de su director titular, Ross Pople; desde su atril de concertino, Robert Gibbs asumió la responsabilidad de cohesionar y manejar al conjunto, que presenta además una curiosa característica: los que asumen el rol de solistas en las obras que así lo requieren son integrantes del grupo que dejan momentáneamente su lugar, pero regresan de manera inmediata al mismo una vez concluida su participación; incluso en algún caso optan por cambios de vestuario para marcar la diferencia entre el trabajo de fila y la labor a solo: la flautista se colocó una colorida blusa mientras el cellista prefirió quitarse la chaqueta.
El programa mezcló dos obras muy transitadas con otras dos…
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