Reino Unido

Grimes contra viento y marea

Agustín Blanco Bazán
viernes, 28 de junio de 2013
Aldeburgh, Suffolk, miércoles, 19 de junio de 2013. Playa de Aldeburgh, Suffolk. Grimes on the Beach. Peter Grimes, ópera en tres actos con texto de Montagu Slater y música de Benjamin Britten. Tim Albery (regisseur), Leslie Travers (escenografía y vestuarios), Lucy Carter (iluminación), y Sound Intermedia (proyección de sonido). Elenco: Alan Oke (Peter Grimes), Giselle Allen (Ellen Orford), David Kempster (Captain Balstrode), Gaynor Keeble (Auntie), Alexandra Hutton (sobrina), Charmian Bedford (sobrina), Charles Rice (Ned Keene), Robert Murray (Bob Doles), Henry Waddington (Swallow), Catherine Wyn-Rogers (Mrs. Sedley), Christopher Gillett (Reverend Horace Adams), Stephen Richardson (Hobson), Fleetwood Daniels (Boy), y Simon Reed (Dr. Crabbe). Orquesta y Coros de la Opera North y de la Guildhall School of Music and Drama, y Orquesta Britten Pears bajo la dirección de Steuart Bedford
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2013: año del centenario del nacimiento de Benjamin Britten y ninguna representación escénica de su gran capolavoro en el Festival por él creado hace 60 años. ¡Es que el maravilloso auditorio del Snape Maltings, el complejo musical creado por Britten y Peter Pears es mas bien una sala de conciertos, a lo sumo apta para ópera en pequeña escala! Ciertamente, fue allí donde se grabó la antológica versión fílmica de Peter Grimes, pero a este fin toda la sala fue transformada en un estudio de grabación con un escenario especialmente montado y la orquesta dirigida por el mismo Britten en el patio de espectadores. Peter Pears (Grimes) y Heather Harper (Ellen Orford) encabezaron un elenco estelar donde hasta el menor cameo fue cubierto por algún gran cantante británico. De cualquier manera: tarde o temprano Peter Grimes debería confrontarse con el paisaje de su narrativa consistente en un psicodrama donde los habitantes de Aldeburgh se ensañan con un pescador violento y marginado, que finalmente no ve otra alternativa que abandonar la playa con su bote para hundirse en el mar frío y plomizo del Este de Inglaterra.

“Pues bien, si no tenemos un escenario viable, ¡hagamos Peter Grimes en la playa!” sugirieron los intrépidos empresarios de Aldeburgh Music, como si las condiciones climáticas de la zona fueran tan aptas para representaciones al aire libre como la arena de Verona o Luxor para Aída. Luego de reseñar la preparación de la empresa en una nota del pasado 17 de mayo [leer artículo], volví a la playa cruzando los dedos el 19 de junio para asistir a la segunda de las tres representaciones de Grimes on the Beach. Los organizadores se preocuparon de servirnos un pastel de pescado caliente con la nueva cerveza 'Britten', producida por una destilería local, antes de equiparnos con frazadas e insistirnos, con ese entusiasmo tan inglés ante la perspectiva de cualquier sufrimiento, que al anochecer haría mucho, pero mucho frío.

Y sí. Hizo frío, pero menos del esperado, y con algunas ventajas respecto de la primera noche. Para empezar, no había viento, con lo cual quedaron eliminadas las posibilidades de distorsión de sonido. Y tampoco llovió, gracias a lo cual la obra comenzó a las ocho y media en medio de un crepúsculo sugestivamente neblinoso y culminó con el público dispersándose casi sobre la medianoche bajo la luz de una medialuna empalidecida por la niebla. Las gradas frente al mar y, delante de ellas, los lugares para permitir acampar al público sobre el pedregullo, permitieron alojar a 1700 espectadores. Y los resultados premiaron merecidamente los esfuerzos invertidos en esta inspirada y audaz empresa, literalmente desarrollada contra viento y marea.

Como las condiciones climáticas de la playa no aconsejaban el uso de instrumentos, la versión orquestal y coral fue grabada en el Snape bajo la dirección de Steuart Bedford. En la playa, los cantantes integraron sus voces amplificadas a la grabación orquestal, y los coristas también cantaron in situ, coordinándose magistralmente con los pasajes grabados en el auditorio. El excelente balance sonoro resultante convierte a la empresa Sound Intermedia en una protagonista fundamental del éxito de la representación. El sonido alcanzó a los espectadores con un excelente integración de las partes grabadas y las cantadas en la playa, y con la ayuda de un apuntador escondido en una casilla semihundida en el pedregullo, el canto se ajustó bien a la orquesta y todos actuaron con la convicción y entrega pedidas por la inteligente regie de Tim Albery.

Momento de la representación de 'Grimes on the Beach' (Peter Grimes, de B. Britten). Playa de Aldebourgh, Suffolk, UK, junio de 2013. Dirección escénica, Tim Albery. Dirección musical, Steuart Bedford.

El escenario fue un gigantesco y ruinoso muelle paralelo a la línea de marea y partido en dos, como si hubiera sido desvastado por un tsunami tan violento como las pasiones a desarrollarse en ambas secciones aún conectadas por un maderamen extremadamente frágil. Cada mitad parecía representar polos antitéticos en las escenas que oponen las animosidades reciprocas de un pueblo ubicado a la izquierda, alrededor de una taberna diseñada con auténticos cascos de botes abandonados, y una similar decoración a la derecha representando la morada del pescador. La irrupción de niños jugando con un avión de madera y una roñosa bandera con svástica trasladan la acción a la época del estreno de la obra en 1945.

Momento de la representación de 'Grimes on the Beach' (Peter Grimes, de B. Britten). Playa de Aldebourgh, Suffolk, UK, junio de 2013. Dirección escénica, Tim Albery. Dirección musical, Steuart Bedford.

El balance de rivalidades visualizado por las dos partes de la escena en continuo antagonismo puede certificarse sin más como uno de los más grandes hallazgos de la carrera de Albery. Grimes y su pueblo se enfrentan, ya sea firmemente plantados en mitades diferentes, o se invaden recíprocamente atravesando las endebles pasarelas en momentos culminantes de agresión mutua, como, por ejemplo, la aparición de Peter en la taberna durante la tormenta que cierra el primer acto o la irrupción de los vecinos a la morada del fugitivo Grimes en busca de las pruebas que les permitirán demostrar la muerte del segundo de sus aprendices.

Hubo un momento mágico: el grito de ¡Grimes! ¡Grimes! por una multitud poseída, en una espectral noche de luna neblinosa, fue seguido con el silencio impuesto por la partitura, sólo interrumpido por el suave desliz del mar en el pedregullo de la playa. Esta sola vivencia sirvió para justificarlo todo con la irrupción de la marea y de la noche premiando de este modo a una partitura inolvidable por su poder paisajista y su exploración en las oscuridades del alma.

Sería estúpido tratar de representar un Holandés Errante en Sandviken o Tristán e Isolda en Cornwall porque en Wagner el mar es fundamentalmente una metáfora de las tormentas internas de los personajes. En el mar de Peter Grimes el paisaje exterior y el psicológico parecieran competir el uno con el otro en una evocación inmensa e íntima a la vez. Hacia el final vemos a Barstrode ayudando a Peter a empujar su bote al mar donde se hundirá para siempre. En la playa de Aldeburgh la embarcación, después de desaparecer de la vista de los espectadores, dejó oír su choque con las olas luego de la ahogada exclamación de Ellen.

Alan Oke (Peter Grimes) y David Kempster (Captain Balstrode). Momento de la representación de 'Grimes on the Beach' (Peter Grimes, de B. Britten). Playa de Aldebourgh, Suffolk, UK, junio de 2013. Dirección escénica, Tim Albery. Dirección musical, Steuart Bedford.

Un importante plano adicional fue un andamiaje en forma de torre a la derecha desde el cual algunos personajes predican su verdad momentos claves. Por ejemplo, es desde esta elevación que el Juez pasa sentencia durante el juicio que abre la obra y Grimes predica su alucinado regocijo durante la tormenta.

'Grimes on the Beach' (Peter Grimes, de B. Britten). Playa de Aldebourgh, Suffolk, UK, junio de 2013. Dirección escénica, Tim Albery. Dirección musical, Steuart Bedford.

Peter Grimes es una de esas obras en que el éxito de la puesta depende no sólo de los solistas, sino también del más secundario de los personajes. Por ello comencemos haciendo justicia a éstos últimos. La opresiva majestad del juez de instrucción Swallow al comienzo de la obra fue interpretada por Henry Waddington con el carácter premonitorio requerido para encausar la tragedia desde el vamos. El polo opuesto, el de la engañosa permisibilidad de Auntie, la dueña de la taberna, estuvo a cargo de Gaynor Keeble que actuó con cabaretístico desparpajo junto sus dos “sobrinas”, que Alexandra Hutton y Charmian Bedford actuaron con toda la vena caricaturesca pedida por la partitura. Catherine Wyn-Rogers representó una Mrs. Sedley de cómica y antológica premura en sus quehaceres de intrigante contra Grimes.

Entre los principales se destacó la caracterización de Giselle Allen, como una Ellen Orford capaz de contrastar el aire angelical imaginado por Grimes con cigarillos fumados nerviosamente y una incontrolada rebelión que la lleva a destruir su Biblia al comienzo de la passacaglia. Alan Oke propuso un Grimes algo enjuto y de intensa expresión en su fraseo, y Balstrode, su siniestra Alma Mater fue cantada por David Kempster con implacable acento dramático. Y es cierto que todos cantaron con amplificación, pero ésto no debe ser obstáculo para elogiar voces de segura impostación y articulación dramática. También la grabación orquestal hizo sentir las inmejorables credenciales brittenianas de Steuart Bedford al frente de un excelente conjunto orquestal.

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