Es la tercera vez que veo esta obra ‘primeriza’ de Mozart, la primera también en este teatro, la única vez que se representó en 1987. Hubo luego una versión interesante en Ámsterdam y ahora esta que, en conjunto, ha sido la mejor (y con pocos cortes, lo que es de agradecer). Porque el principal de sus problemas es la longitud; el otro es el libreto aunque sea mejorado: cuando tuviera que vérselas con el de La clemenza di Tito nada impediría la creación de una obra maestra. Esto lo dice bien, en el programa de sala, una cita de Mozart and his operas de David Cairns: “lo que falta en estas obras [de juventud] no es habilidad, sino discernimiento, y también suerte: no ha encontrado un buen libretista, ni ha adquirido la autoridad de doblegar a uno mediocre a sus deseos. Todavía no sabe lo que quiere. No ha vivido lo suficiente”. Dieciséis…
Comentarios