Fue hace una década, en octubre del 2001, la segunda y última vez que el Orfeón Donostiarra actuó junto a la Filarmónica de Berlín en la Philharmonie. En aquella ocasión la coral fue requerida en la capital alemana por Daniel Barenboim, apenas un año después de su debut con Abbado, con objeto de cantar una Misa en fa menor de Bruckner que se saldó con un importante éxito, a tenor de las críticas. No obstante, la colaboración habitual que se presagiaba entre ambas formaciones se quedó en nada con la entrada de Simon Rattle a la dirección musical de la Berliner un año después. Quizá por la sombra de ese despecho, el reencuentro del sábado entre el Orfeón y orquesta, propiciado por la organización de Ibermúsica, no estuvo exento de cierto sabor agridulce.
La interpretación del Réquiem de Fauré no fue, por añadidura, todo lo perfecta que se…
Comentarios