El suizo Emmanuel Siffert, director titular de algunas orquestas europeas e invitado por otras de diferentes lugares del mundo, trajo con su acumulada experiencia un repertorio que mereció teatro lleno. Este tema del director invitado es digno de análisis porque, por alguna circunstancia, el público de la sinfónica presiente, injustamente, que el maestro extraño no ha de satisfacer sus propias expectativas. Lo único que se me ocurre, por ahora, es que en otras épocas vinieron directores de tan baja calidad, exceptuando la primera y la actual época de la orquesta, que tal vez eso juegue en la decisión de asistir o no. En este caso, la prevención negativa se equivocó pues el maestro Siffert redondeó una eficaz presentación con un repertorio de exigencia. Pulcro, prolijo, de gesto parco pero efectivo, de batuta firme, elegante, sin…
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