La escena es de paredes en gris claro, con luces y sombras, y una salida lateral a la derecha a través de la cual acceden los personajes claves, desde la agonizante madre superiora hasta los revolucionarios encargados de desalojar el convento. Y es también a través de esta salida que las carmelitas descalzas de Compiègne desaparecen, una por una, entonando una Salve Regina interrumpida repetidamente por el contundente sonido del hacha de la guillotina. La última, Sor Blanche, termina por entonar Veni Creator Spiritus. Había entrado en el convento para escapar de un mundo que no se sentía capaz de enfrentar, pero solo le basta dialogar y dialogar con sus compañeras para descubrir la naturaleza de su miedo y superarlo, para afrontar, sin mayores dificultades emocionales, el terror de los terrores. Los diálogos y confesiones de esta…
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