Algo así como las propiedades del agua: ‘incolora, inodora, insípida’. Sólo que en ese caso o se trata sólo de una descripción o la misma tiene connotaciones positivas. Para la obra maestra de Bellini no servirían, y mucho menos las tres empleadas en el título de esta nota. Sin embargo, y lamento decirlo, así resultó la única ópera escenificada de un Festival que había partido y seguido con buen pie, e incluso con brillo y propuestas interesantes, a la que acudió mucho público (la que más reunió en cantidad aunque no estaba todo ocupado y descontamos la presencia de autoridades ausentes de otras manifestaciones de mayor fuste artístico). Empezando por la idea misma de ‘puesta en escena’: vestidos de distintas épocas (el de Norma parecía el de una diva del siglo XIX a la que alzar las manos en plegaria le sentaba fatal), decorados más que…
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