No era mi intención quedarme otro día porque, desgraciadamente, no siempre hay tiempo para dedicarlo a estos menesteres tan placenteros, pero en vista del éxito del día anterior y la persistencia de la Señora X, que me acompañaba en esta ocasión, no opuse mucha resistencia.Concierto que empezó con la famosa obertura de Egmont. Ticciati salió al atril sin batuta, carencia que horrorizó a la Señora X porque pensaba que se le había olvidado y tenía que volver a por ella, con la incomodidad que este acto supondría para el público, que no sabría si aplaudir o no de nuevo y con qué emoción, ya que los aplausos inspirados ya habían sido con la aparición del director, pero tanto ella como su querido, el Señor X, tuvieron la suerte de hablar después del concierto con el Maestro Ticciati que les explicó que Egmont era una partitura muy difícil por…
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