De todos es sabido que montar un Ring des Nibelungen, aunque se reparta en varias temporadas, es un reto para cualquier teatro. Wagner plantea gran cantidad de problemas escénicos y vocales, que convergen en la conveniencia de un presupuesto decente, buenas dosis de imaginación y decente capacidad técnica del recinto. Salir airoso del trance para un teatro pequeño como el Campoamor, que además inicia su proyecto en una época difícil, supone cuando menos una alegría para el aficionado, pese a que el éxito comercial sea prácticamente imposible, dado el número de localidades y la necesidad de no sobredimensionar los precios.
Esta producción, firmada por el polaco Michal Znaniecki, resuelve varios aspectos de un plumazo al utilizar un recurso que implica en gran porcentaje trabajo de pre-producción: las proyecciones. Gracias al video-mapping…
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