A casi tres años del estreno en la Ópera de Baviera, la puesta de Calixto Bieito para Fidelio llegó finalmente a la ENO este otoño, anunciada por una foto que ya es culto: la de esa de la gigantesca instalación de tabiques transparentes y luces de neón armada por la escenógrafa Rebecca Ringst. Es una instalación que oprime la obra como una metáfora existencial donde los personajes se ven encerrados en un desesperanzado meandro, inspirado en el film de Orson Wells sobre El proceso de Kafka. Núcleo del experimento es el primer poema de Jorge Luis Borges sobre “el laberinto” que Leonora recita no bien subido el telón. Y en lugar de la obertura de Fidelio es la Leonore III la que abre la partitura, acompañando el momento más perceptivo de la regie: Leonora neutraliza su sexo apretado sus senos con una faja y poniéndose la ropa de hombre que…
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