A pesar de haberle visto/escuchado bastantes veces en los últimos meses, el doble programa Berlioz que ofreció Salonen en Madrid me hizo ser consciente de los prejuicios que, a estas alturas, seguía atesorando hacia el director finés. Y no soy el único, al parecer, pues en los días previos -y lo que es peor, en las críticas posteriores- se repitieron en la prensa los mismos tópicos de siempre: que es un director calculador, analítico, quizá frío, sacando siempre a la luz su otra faceta, la de compositor de músicas de vanguardia, como si ese dato “lo explicase todo”. Tengo la impresión de que esta imagen adjudicada a Salonen es, en realidad, una herencia trasvasada del gran referente de compositor/director de las últimas décadas, Pierre Boulez, quien sí es, efectivamente, analítico y deliberadamente distante con gran parte de las músicas…
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