“¡Elektra, la ópera que 'elektrificará' a Londres!” Así anunciaba la Royal Opera House el estreno londinense de Elektra bajo la batuta de Thomas Beecham en 1910. En 2013, fue Andris Nelson, el joven director de las Sinfónicas de Birmingham y de Boston el único que elektrificó a la audiencia con una magnífica intensidad de pulso y también a esos detalles interpretativos sin los cuales no hay buen Strauss. Hubo sugestivos rallentandi, súbito pianos e intensa marcación de silencios. El volumen fue a veces excesivo pero en general se trató de una lectura vibrante y arrolladora, capaz de convencer plenamente a una sala donde todavía resuenan los ecos de antológicas versiones de Solti y Thielemann.
La protagonista de Christine Goerke ciertamente no se quedó atrás en volumen, pero, ¡ay!, su frondosa voz tiende a desbordar las notas con…
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