La cultura española contemporánea ofrece no pocos ejemplos de fertilización entre arte y creación musical. A los diálogos interdisciplinarios producidos entre Sean Scully y Mauricio Sotelo, Jorge Oteiza y Ramón Lazkano, Antoni Tàpies y Cristóbal Halffter, o Gordon Matta-Clark y Ramón Souto -por poner algunos ejemplos-, podemos añadir de un modo más específico la composición para el cinematógrafo, que en España cuenta con numerosos ejemplos (aunque de tan desigual fortuna en cuanto a altura musical) como los de Luis de Pablo, Carmelo Bernaola, Manuel Balboa, Antón García Abril, José María Sánchez-Verdú, etc. Los binomios antes citados se caracterizan por una composición tramada a posteriori sobre dichos referentes: la música se acopla a una imagen, a un tempo cinematográfico que impone ritmo y carácter. Sin embargo, el diálogo…
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