Sí, leyenda, con su inamovible mezcla de historia e imaginación, con la idolatría que despertó en su pueblo la sola mención de su nombre: Atahualpa, el que luego de trece brutales batallas destrozó a su hermano Huascar, que estaba del lado de los conquistadores, en la lucha por el poder y se quedó con el imperio incaico por última vez. El personaje, autoritario guerrero, ningún santo por supuesto, era demasiado atractivo como para no recurrir a él como idea de una manifestación artística. Tal vez sea oportuno mencionar la tesis de muchos historiadores en el sentido que la región noroeste de lo que hoy es Argentina, integrada por aquellos tiempos -antes del siglo XV- por diaguitas, calchaquíes, capayanes, lules, wichis, chanés, etc., estaba dominada por las últimas estribaciones incas que en la organización social funcionaban como…
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