Banderas colgando de distintos puntos de la sala, una con la reproducción de las facciones de la artista, otra diciendo ‘Edita la Regina del Liceu sei solo tu’ (entre paréntesis, abajo, en letras pequeñas: Callas? Sutherland? Tebaldi?), naturalmente flores en variadas composiciones y papelitos multicolores que caían con la leyenda multilingüe ‘Edita y el Liceu siempre son una fiesta’ (de donde tomo el título de la reseña) dan la idea de la categoría de mito que la soprano eslovaca ha alcanzado entre el público de l Liceu (si el teatro estaba lleno, aunque no desbordante ni del todo completo, mérito suyo).
En este contexto hacer una crítica es casi superfluo y señalar ‘detalles’ (o algo más), tarea odiosa y mal vista. En todo caso, con una técnica aún a prueba de balas (cuando la voz, en el agudo pleno y en el ataque sin subterfugios,…
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