Hace diez años hice la crítica de este espectáculo desde Bruselas, que ahora llega para estrenar el título en absoluto en Barcelona. Tarde pero seguro. Entiendo la cálida recepción del público (se trata, de todos modos, de un gran Haendel, aunque a veces uno se pierda un poco entre tanto movimiento coreográfico a cuento o no, tanto figurante a veces francamente de más: por ejemplo, la primera escena en casa de Popea con su confidente gay y su legión de maquilladoras y criados; por ejemplo, gran parte de los del bar –en que se ha convertido la casa de la misma dama).
Mc Vicar acierta en la creación de un espectáculo trepidante, pero sigo teniendo mis objeciones, que retomo de la crítica de entonces, agregando que el tiempo no ha afectado al espectáculo (a la música era claro que no, pero no siempre son lo mismo) y que, vistas las cosas que…
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