Durante la obertura, un telón blanco proyecta la despedida de Idomeneo y su pequeño hijo Idamante. Luego de ayudarlo a colocarse sus pantalones largos y el saco y corbata que marcará el ascenso del púber a una adultez impuesta por la línea del trono, el padre lo inspecciona antes de desaparecer.
Cuando el telón se levanta sobre una enorme caja negra y rectangular, Idamante trata de reasegurar su amor a una Ilia embarazada y casi harapienta como corresponde a esta refugiada que junto a sus compatriotas se esfuerza por caminar en medio de ese fango poblado del calzado dejado por los muertos de una guerra cruel. Como la caja negra que constituye el decorado único, este fango persiste a lo largo de toda la ópera, que en la versión presentada en el An der Wien incluye el ballet final que en este caso acompaña la escena del parto. Antes de que…
Comentarios