La última visita de la London Symphony Orchestra a Madrid ha sido también la más discreta en tiempos recientes. Aún resuenan en la memoria de los abonados de Ibermúsica aquel esplendoroso El mar de enero del 2012, o el impagable espectáculo de la Guía de la orquesta para jóvenes que ofrecieron los profesores de la LSO el pasado mes de junio, ambas ocasiones junto a Michael Tilson Thomas. Pero su último paso por el Auditorio Nacional, dentro del alto estándar de calidad que es propio del conjunto, dejará un recuerdo menos memorable del rendimiento de la orquesta, quizá por unos vientos metal un poco despistados, o por unas maderas algo rígidas, o, en general, por una maquinaria menos efectiva y brillante que en otras ocasiones. ¿Podría ser debido a la batuta de Harding?
Hace unos meses Abbado firmó en esta misma sala dos pequeños Schubert,…
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