Con esas palabras se presentó Claudio Abbado al primer ensayo con la Orquesta Filarmónica de Berlín, tras tomar posesión de su titularidad en 1989. No podría haber conseguido de mejor manera el efecto deseado: más que romper con Herbert von Karajan –a quien incluso los más allegados llamaban ‘maestro’-, quería poner de manifiesto un cambio en las formas de trato con unos músicos, los cuales siempre se han caracterizado por hacer valer sus prerrogativas como ‘República orquestal’, en expresión acuñada ya en 1887 por el legendario Hans von Bülow, algo de lo que, por supuesto, Abbado era plenamente consciente desde que en 1966 les dirigiera por primera vez.
Previamente, Abbado había calculado sus pasos con sagacidad. Un año antes, en 1988, había dejado la titularidad de la London Symphony, y desde entonces hasta la muerte de Karajan en julio…
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