El concierto final en el que el jurado en pleno repartió, luego de la pausa, todos los premios (oficiales, especiales y extraordinarios) que ustedes habrán visto en nota aparte, contó con diez cantantes en total acompañados dos de ellos al piano y los demás con la orquesta del Teatro en una discreta prestación (preparar un programa tan diverso con poco tiempo es un ‘tour de force’ y habrá que agradecer que no haya habido desencuentros, y que el único evidente se salvara con gran dignidad, y que la orquesta nunca -o casi- cobrara protagonismo para no cubrir las voces).
Abrió la tarde Salomé Jicia, soprano de Georgia, premio Mozart con una mejor interpretación que en la final de ‘Non mi dir’: voz con más cuerpo, aunque el trino sigue sin ser fuerte (estuve ubicado exactamente en la misma butaca que el día anterior).
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