Doce funciones de este título, que yo amo particularmente pese al tema y a algunos momentos del libreto que hacen reír al público, parecen excesivas no ya para el Liceu de hoy, sino para cualquier teatro en general. Dos repartos son posibles, pero no siempre se cuenta con todas las garantías, y lo imprevisto –o no tanto- puede jugar alguna mala pasada.
La versión que se ofrecía es la misma que hace algunos años vi en París y mi apreciación sobre ella no ha cambiado (lo siento, soy así de limitado: como se verá en otros aspectos, no suelo modificar mis criterios fácilmente) aunque es cierto que el paso del tiempo y la contemplación de otras ingeniosidades vayan dejando su sedimento y uno termina por acostumbrarse no a todo pero sí a lo que es menos demencial. Cito, pues:
“Ya es caprichosa la idea de meternos a la fuerza en el ambiente de…
Comentarios