De su madre septuagenaria se despidió la joven pianista en el tinglado elegido por los nazis para convocar a los ancianos judíos de Praga para el transporte final. También acompañó a su marido hasta la deportación de este de Terezin a Dachau. Con su único hijo emigró a Israel después de la guerra y muchos años después lo siguió a Londres, ya con ochenta y tres años de edad. Pero también Raphael la dejó, víctima de un aneurisma en el 2001. Ya estaba comenzando a creer en la inmortalidad cuando me avisaron que ahora era Alice Hertz Sommer la que nos dejaba, a los ciento diez. Cuando la visité por última vez hace unos días hablamos de la familia, amigos comunes y miramos en su atlas los lugares donde había estado durante mis recientes vacaciones en India. Sus últimas palabras para mi fueron las de siempre, esos enérgicos y risueños “Thank…
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