Fue una apuesta arriesgada la de Alan Gilbert (Nueva York, 1967) para este concierto de abono de la Filarmónica de Berlín. Y no estoy refiriéndome evidentemente al Concierto para violonchelo de Dvorák, una obra amada por el público ya desde su estreno, sino a ese Kraft [Fuerza] de Lindberg (Helsinki, 1958) que provocó unas reacciones en parte del público que francamente me llamaron la atención. Y no tanto por la gente que abandonó la sala en medio de la obra, que tampoco fueron tantos (no podría decir ni siquiera un número aproximado porque la sala grande de la Filarmónica de Berlín tiene muchas puertas), sino por un número considerable de personas que se tapaban los oídos ostensiblemente en las partes más fuertes de la música. Eso dejando aparte las francas carcajadas ante los extraños instrumentos que se veían en escena, que incluso…
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