Ni la COE (que rendía su novena visita) ni Tetzlaff (tercera presencia) eran desconocidos en la sala de conciertos de la Filarmónica bilbaína, pero sí se trataba de la primera visita del maestro Vladimir Jurowski. En parte por su fama precedente y su sólida trayectoria y en parte por el esfuerzo de la propia Filarmónica en presentarle como uno de los mas importantes directores de su generación, Jurowski concitaba a priori buena parte del interés de la tarde. En primera instancia el por qué quedó claro desde el inicio, con las danzas Schubert/Webern, donde su mano izquierda se permitía descansar. Un poco, y que me disculpen los puristas, pues ahí acaban probablemente las analogías, a la manera de Carlos Kleiber, que dibujaba cuando era necesario y dejaba que los profesionales hicieran su trabajo con notable libertad, pero máxima…
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