Tres señoras sentadas tras de mí en el Auditorio Nacional estaban muy decepcionadas por la selección musical que la Filarmónica de Tokio había escogido para su parada en Madrid. Así me lo hicieron saber, con gran amabilidad y simpatía, al ver que yo aplaudía con entusiasmo las obras de Toshiro Mayuzumi y Yuzo Toyama. Personalmente estaba encantado y agradecido por la oportunidad de escuchar en vivo música de autores tan desconocidos en Occidente, y me resultaba natural y hasta lógico que una orquesta de Japón de gira por Europa abanderase a compositores de su país. Pero mis vecinas de butaca no opinaban lo mismo: creían, quizá con algo de razón, que ya que la cultura japonesa había adoptado una institución tan esencialmente occidental como es la orquesta sinfónica, era más apropiado que la Filarmónica de Tokio demostrase su valía con…
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