La Obertura de Arriaga, una partitura donde abundan los contrapuntos de la música rossiniana, fue escrita por el precoz compositor español cuando increíblemente sólo tenía trece años. La obra se presta para el aburrimiento si carece de la necesaria limpieza y transparencia cristalina, circunstancia que felizmente no sucedió a partir de un impecable trabajo de la cuerda local que supo recibir la idea que de ella tiene el director visitante. Con estos pentagramas comenzó un programa que fue de menor a mayor y que mostró en su desarrollo una clara tendencia al optimismo.
Luego llegó la delicadeza de un Concierto para arpa, escrito por un casi desconocido -por estas tierras- compositor francés de apellido Boieldieu que se destacó por su importante producción operística al punto que ocupa el lugar de uno de los más prolíficos compositores de…
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