Creo que el compositor se sorprendería -gratamente, supongo- de llenar el Liceu como ningún otro concierto o representación del año lo ha hecho, con el cartel en rojo ‘localidades agotadas’. Yo me alegraría enormemente si fuera el caso. Pero me temo que el hecho inusual de que un ciclo de lieder -aunque conocido y apreciado- haga desbordar la capacidad del Gran Teatre se deba sobre todo al intérprete vocal (conviene recordar que un concierto de lieder es siempre obra de, por lo menos, dos). Y lamento por el intérprete vocal que se haya convertido en uno de esos fenómenos de marketing que realiza giras para promocionar su último disco (ciertamente no tan extensas, abrumadoras y reiteradas como las de alguna otra célebre colega) y aunque le resulte extremadamente provechoso desde el punto de vista de las condiciones económicas, del…
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