La última vez que los jóvenes músicos de la Gustav Mahler Jugendorchester actuaron en el madrileño ciclo de Ibermúsica fue en abril del 2012, dirigidos, al igual que en esta ocasión, por David Afkham. Aquella vez, con una Inmolación de Brünnhilde, el director de Friburgo tuvo serios problemas para equilibrar las voces con esta orquesta imponente (36 violines, 15 violas, 12 violonchelos y 10 contrabajos en esta gira). La acústica del Auditorio Nacional es muy comprometedora para las voces, e Iréne Theorin, más que inmolada, murió sepultada por el maremagnum sonoro en esta página wagneriana. Pero esta vez fue distinto. Afkham va familiarizándose con la que será su nueva casa desde septiembre -al frente de la Orquesta Nacional de España- y realizó un buen trabajo de equilibrio en dos programas en los que la presencia vocal era destacada.
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