Pocas veces había salido de una representación de ópera con tantos interrogantes como los que me suscitó la Alceste de Krzysztof Warlikowski en el Teatro Real. Hubo un momento, a la altura del segundo acto, en que incluso decidí conscientemente cambiar de actitud: “Bien, si no consigo entender lo que estoy viendo, al menos intentaré disfrutar sorprendiéndome”. Y la estrategia funcionó, con un tercer acto trasladado a una morgue con cadaveres fornicando, Hércules que se vaciaba un bote de espuma de afeitar en la cara y un zombi sacándose un cafelito de una máquina que, evidentemente, solo estaba sobre el escenario para posibilitar ese gag. Me divirtió mucho el tercer acto, bastante el segundo, con su flamenca que tantos comentarios suscitó, y me encantaron los vídeos de Denis Guéguin, magníficos y emocionantes.
Representación de Alceste en…
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