La Sinfonía en si menor de Schubert, "Inacabada”, posee una belleza y una popularidad legendarias. Exige una perfecta convivencia entre secciones, entre la orquesta y el maestro, y entre escenario y público: es una obra integradora, amable y bella, que nos asoma al placer de la música y al mismo tiempo anticipa muchos caminos sin retorno, particularmente en su Andante. En la noche del viernes, Bilbao escuchó una Inacabada sólida y redondeada, sometida a un control riguroso, y al mismo tiempo de cierta parquedad expresiva. Pero así es Neuhold. Como sucedió después en la cumbre mahleriana La canción de la tierra, el austriaco va trazando un camino que no es ni evidente de inicio ni fácil de transitar. No invita a escuchar, no es un maestro amable, simplemente sugiere la necesidad de hacerlo. Poco a poco exhibe texturas y tensiones, y lo…
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