A veces las puestas en escena maduran bien. Sobre todo si consiguen identificarse con la esencia dramática de la obra que interpretan. Tal es el caso del Diálogo de Carmelitas estrenada por Robert Carsen en Amsterdam en 1997, que llegó al Covent Garden luego de pasar por Milán, Madrid, Viena y Canadá. Clave de su imperecedera originalidad es la escena final. En la mayoría de las producciones de esta ópera evocativa de la decapitación de las religiosas de Compiègne en 1794, las condenadas abandonan una por una la escena por un costado mientras su coral va disminuyendo voz por voz de acuerdo al comando impuesto por abruptos acordes de sucesivas caídas de la cuchilla de una guillotina que no vemos. Se trata de un final de ópera único por su escalofriante efecto teatral que algunos regisseurs arruinan cuando muestran la guillotina o aún una…
Comentarios